8 nov. 2016

El otro significado de una trenza de raíz

trenza de raíz invitada antojada por vocación

Una de las cosas que más cambian cuando te conviertes en padre es el tema de hacer planes fuera de casa. Cenas, bodas y viajes se ven afectados directamente. No porque sean incompatibles ni mucho menos con un niños, sino porque lo que prima es mantener su ritmo y por lo tanto su bienestar. Y si ambas cosas se alinean, entonces se puede ir.

Para nosotros, la del sábado ha sido la segunda boda a la que asistimos desde que somos padres, y la primera vez que dejamos al bebé con los abuelos para pasar una noche fuera.
Fue despedirnos de Emma, coger el coche, y ya tenía el nudo agarrado en la garganta...No es que yo sea de las que no se despega. Para nada, porque nuestro bebé desde el principio ha pasado de mano en mano como se pasa la bola. Queríamos que fuera sociable, que se adaptara rápido a nuevas circunstancias y personas, sin perder de vista que no dejaba de ser una niña pequeña. 
Afortunadamente creo que algo de eso se le ha pegado, y creo que también hemos tenido mucha suerte de concebir una bebé de naturaleza fácil y sonriente.

Reconozco que al final mereció mucho la pena. Disfrutar de ratitos solos en pareja es importante después de tantos meses de dedicación. Lo mítico de volver a ser como novios y deshacerte de la responsabilidad de atender a un ser pequeño por unas horas es muy sano.
Al principio es raro. Montarte en el coche sin maxi cosi y de copiloto (que aunque prefiera ir detrás con Emma, en realidad me mareo como una condenada) y todo el tiempo del mundo para maquearte... Pero al rato te vuelves ligera y disfrutas de esa facilidad de acción. Aunque el nudo sigue ahí porque la echas tanto de menos que prefieres no pensarlo.

Y todo esto es posible gracias al patrocinio de los abuelos. Esta expresión es creación de una compi de mi cole y pienso que no puede reflejar más fielmente la realidad...


20 oct. 2016

Si tú también has vivido la maternición

Foto: Elena Prieto Landaluce
Hace unas semanas volví a mi centro de salud porque a Emma le tocaba la revisión del pediatra de los 6 meses y sus correspondientes vacunas.
Después de encontrar aparcamiento, estaba yo montando el carrito de bebé dispuesta a llegar puntual a mi cita, cuando me vino a la cabeza la primera vez que tuve que acudir yo sola al médico después de dar a luz y tras que mi marido se incorporara a trabajar.

Para poneros en situación, mi centro está situado al final de una larga pendiente en un barrio de Madrid lleno de calles estrechas, irregulares, en las que las plazas de aparcamiento brillan por su ausencia. Uno de esos barrios de periferia que la gran ciudad a acabado por absorber.
Recuerdo meter a la niña en el coche, dudando sobre si realmente estaba bien sujeta. La alegría de por fin encontrar sitio. Salir del coche con cuidado, porque los puntos aun estaban tiernos. Armarme de paciencia al abrir el maletero para unir las piezas de ESO que veía a otros montar con tanta facilidad. Y volar porque se hacía tarde.
Algo que antes me costaba horrores, que ahora hago con bastante facilidad. Me sentía una auténtica  panoli...

Y lo fuera más o menos que otras recién paridas, la verdad es que uniendo los puntos, ahora me doy cuenta de que objetivamente eran mogollón de cosas desconocidas, que sin una explicación, había que domar sobre la marcha.
Hasta aquí era como adaptarse a una situación nueva (que no es poco). Palpar e irse familiarizando. Cogerle el tranquillo.

Pero es que yo creo que la cosa va más allá. Porque además de pisar terreno desconocido, lo de la maternidad me ha parecido un atropello de grandes contradicciones que se sucedían ante mis ojos sin que nadie llegara nunca a aclararme (de ahí lo de MATERNICIÓN = MATERNIDAD + CONTRADICCIÓN).
Y esto va sin intención de desanimar a las futuras mamás ni mucho menos, sino más bien de contar mi experiencia para desahogarme, y quizás de poner en sobre aviso a las más sensibleras como yo. Creo que lo hubiera agradecido.

7 oct. 2016

Hábitos para recuperar el control tras la maternidad (y el verano)

Emma y su papilla de frutas

Parece que es la conversación de ascensor más repetida en mi entorno junto con los millones de virus que los niños se están pillando en las guarderías.
Que sí, que el otoño ha entrado esta vez más tarde. Que el verano se ha quedado demasiado y en consecuencia estamos todos un poco locos. El cambio de ropa se alarga y es más difícil asentar las rutinas que marcan el comienzo de la temporada si la temperatura pide sandalias.

A mí se me ha juntado un poco todo. El cambio de estación y la vuelta a la vida real después de mis primeros 6 meses de maternidad. Emma ha crecido (¡ya toma papilla de frutas!) y tenemos que organizarnos para que yo saque tiempo y pueda centrarme en nuevos proyectos y en la vuelta al mundo laboral. Así que aprovecho el tirón y estoy haciéndome un dos por uno gracias a instaurar algunos nuevos hábitos que me hacen sentir que el orden está a ratos en nuestras vidas.

Son muchas cosas las que están cambiando... O puede que en realidad no tantas. Lo que me pasa es que después de invertir horas y horas en casa junto a mi bebé, como que cualquier novedad te parece una enorme transformación. ¿Habéis sentido esto alguna vez?

24 sept. 2016

20 maneras de peinarse la melena midi


Sábado tarde, Emma durmiendo la siesta y yo zambullida en el mar Pinterest buscando opciones para un peinado que hacerme en la boda del fin de semana que viene.
Es la primera vez que voy de invitada después de cortarme la melena, así que me apetecía tener un amplio abanico para escoger. Y foto a foto he ido engordando un poquito más mi carpeta preferida...

Al principio pensé que la melena midi suponía renunciar un poco a ser creativa con el pelo, abandonar las trenzas y moños. Quitarme un peso de encima, abrazar la sencillez y ese rollo chic. 
Y si que ha sido un poco esto último, pero resulta que hacerse varios peinados se puede. Y como además hay que trabajar menos pelo, pues al final me resulta más fácil y rápido.
Total, que he decidido seguir manteniéndome en el midi por ahora, porque le veo muchas posibilidades y volver al largo largo me da bastante pereza.

¿Cuál os gusta más para un look de invitada?
Yo creo que ya tengo mi preferido...

13 sept. 2016

6 sitios en el norte para resetear

Playa de Areas. Bego y Emma. Antojada por Vocación

Llegamos a Madrid apenas hace tres días después de disfrutar de 13 maravillosos días norteños.
Maravillosos porque creo que han sido de las vacaciones que más me han aprovechado y servido para resetear. Seguramente fuera porque realmente las necesitaba. Pero también porque tenía gran necesidad de volver al norte.

El norte era mi lugar de veraneo durante la infancia. 
Agostos en los que no todos los días se podía ir a la playa porque llovía. En los que los pantalones vaqueros y la sudadera superaban a las sandalias y bañadores. Ese frescor que se colaba tras bajar un poco la ventanilla del coche al llegar. Posar la toalla sobre la arena fría y aun así tener ganas de zambullirte entre unas olas amenazantes porque había que bañarse si o si, estuviera o no nublado.

Echaba mucho de menos todo eso. Por eso, volver arriba ha sido como recuperar algo de mí que se mantenía dormido durante los veranos que hemos pasado en Cartagena.

En el País Vasco me he reencontrado con sitios especiales para mí que hacía tiempo no visitaba, y en Galicia he conocido algunos otros que me han encantado:

26 ago. 2016

Lo que he aprendido de La Magia del Orden

Mi cajón de camisetas y pijamas
Por fin llega nuestro momento de escapar. 
Qué ganas de vacaciones. GANAS A RABIAR. Una mudanza, un parto y los primeros meses del bebé dejan agotados a cualquiera.
Haremos maletas, llenaremos el coche de los cachivaches de Emma y Sam y nos perderemos como entonces. Furtivamente y con deseos de zambullirnos tan hondo que perdamos la consciencia de la realidad. Sólo que hoy somos 4, antes 2. Pero lejos de pesar, el nuevo número enriquece.

Mientras pienso en qué que meter en mi maleta, me he acordado de todo lo que que he aprendido y puesto en práctica gracias a Marie Kondo. La encontré por casualidad a finales de año a través de June Lemon y empecé a leerla un poco después. Más allá de su famosa forma de organizar los cajones, ha cambiado la manera que tengo de relacionarme con los objetos que poseo. De adquirirlos, ordenarlos, desecharlos y disfrutarlos.

La leí y subrayé con mucha emoción porque cada página que avanzaba sentía que estaba encontrando respuestas a muchos temas. Las piezas encajaban y encontraba explicaciones a comportamientos propios y ajenos. 
¿Cómo es posible que la relación que tenemos con las cosas inanimadas que nos rodean puede influir tanto en nosotros? Aun alucino pensándolo. Es un tema que me apasiona porque en casa de mis padres siempre se han acumulado las cosas a montones y creo que si instauramos un vínculo sano con nuestros objetos podemos ser mucho más felices.
¿Vosotros la habéis leído?

El libro está repleto de verdades. Yo remarco las que se me han grabado a fuego:

11 ago. 2016

Columna para planta. Antes y después

Columna para planta transformada

Soy consciente de que mis entradas últimamente llegan de uvas a peras. So sorry... Pero ya imaginaréis mi rutina entre perro y bebé.
Emma está poco a poco regulando el sueño y las tomas se van distanciando. Eso ayuda, pero tampoco es la panacea. Así que hago lo que puedo y tampoco me torturo. Simplemente disfruto de cogerla, achucharla y jugar a las pedorretas mientras Sam se nos echa encima metiendo su hocico por en medio (un poco celosillo, sí).

Además se junta que me he reactivado en la búsqueda de empleo (¡si señor!) y estoy invirtiendo los pocos ratitos con los que cuento en ello. He rescatado el cuaderno de apuntes que tomé cuando estaba en la Lanzadera de Empleo para refrescar todo lo que aprendí allí.

Hoy me apetecía enseñaros la transformación de esta columna de madera que hice con mi madre en la última recta del embarazo. Acabábamos de mudarnos.
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