12 feb. 2017

Mi vida, los últimos dos meses

Espejo barroco restaurado
¡Por fin colgado!

Hace más de dos meses que no me asomo por aquí y no siento ni chispa de culpabilidad.
Hace tiempo que asumí que la llegada de los posts llevarían mi ritmo, el que tuvieran mis circunstancias y mi flujo creativo.
Pero lo que si me ha sucedido es que se me han acumulado las ganas de expresarme y de contar con ese ratito para mí en el que cuento y escribo, pero también reflexiono y me auto-inventario.

Me gusta mucho la manera en que reapareció Marta después de un tiempo desconectada. Así que he pensado que éste también sería mi formato para reengancharme a mi espacio y también a mi misma. Como ese ritual de belleza casera de los domingos. Un baño con espuma. Un cine una vez al mes o una cenita con amigas.

Hoy comienzo despacito haciendo recuento...
1.
He encontrado trabajo a media jornada.

Quizás no demasiado estable, pero si lo suficientemente satisfactorio en este momento.
Me siento afortunada por haber apostado a hacer lo que me gusta y de compaginarlo con pasar tiempo con Emma. Ser madre trabajadora me hace sentir orgullosa por aportar económicamente mi granito de arena pero sobre todo por seguir avanzando profesionalmente.

2. 
Por fin hemos colgado el espejo barroco restaurado en el salón.

El pobre sufrió un accidente y se rompió :(. Tuvimos que sustituir el espejo antiguo por uno nuevo.
Me encantaba el efecto fantasmagórico y las imperfecciones de antes, pero sobre todo me fastidiaba haber recuperado una pieza tan bonita y no poder disfrutarla viéndola colgada.


7 dic. 2016

Volar por mi cuenta

El reno navideño de Muy Mucho que alegra nuestra entrada 

Estos días ando como una tonta canturreando de aquí para allá. Como una loca enamorada que, sin necesidad de ser correspondida, fantasea con el momento de coincidir accidentalmente con su enamorado y cruzar las miradas, o algo así. Que se alimenta de ese sentimiento de inquietud ilusionada que crean las mariposas en el estómago. Que piensa en las musarañas, a la que se le escapan los suspiros mientras mira al vacío.

No es revivir el amor en la adolescencia, no es que llega la Navidad. Sólo es que después de 3 meses buscando curro alguien al que quiero y admiro me ha descubierto que trabajar para lo que me hace feliz por mi cuenta podría ser una manera seria de ganarme la vida. Que quizás lo que estoy buscando es en realidad lo ya he empezado a hacer, sólo que hay que profesionalizarlo un poquitín más.

Pensaréis que menuda visionaria estoy hecha. Que cómo no me había dado cuenta antes. Pues ya veis...Pero es que parece que esta España la tiene tomada con los autónomos y que por tendencia natural la mejor solución es la de trabajar por cuenta ajena. Tanta mofa en campañas de publicidad y spots de coña se han metido tan dentro que parece que es mejor no ponerse por cuenta propia a menos que a uno no le quede otra.

Bueno, pues resulta que ha llegado alguien que me ha tumbado algunos malos mitos contándome que para ella no hay mejor manera de trabajar. Que ha encontrado el equilibrio, disfrutando a tope de su trabajo, compatibilizando su vida laboral con la familiar, escogiendo lo que de verdad quiere hacer y dejando de lado lo que no. Que aunque hay que buscarse la vida, que todo es un poco lío al principio, que muchas veces acuesta al niño y se poner a currar, sobre todo es feliz haciendo lo que hace y que no concibe trabajar de otra manera.

Estoy segura de que no soy la primera a la que esto le sucede. Quizás alguno de vosotros haya pasado por un proceso similar y pueda contarme su experiencia para que pueda valorarlo desde otros puntos de vista...
¿Alguien que me anime o que me desencante?

Estar ante la idea de que algo, que empezó como un tonteo para sacarme unas perrillas, pueda convertirse en mi medio es una descarga de buen rollo por todo el cuerpo. Me ilusiona tanto el planteármelo en serio que me vuelvo ligera y parece que vuelo.

Ya os contaré si finalmente despego o me estrello ;)
Gracias por leerme. 

8 nov. 2016

El otro significado de una trenza de raíz

trenza de raíz invitada antojada por vocación

Una de las cosas que más cambian cuando te conviertes en padre es el tema de hacer planes fuera de casa. Cenas, bodas y viajes se ven afectados directamente. No porque sean incompatibles ni mucho menos con un niños, sino porque lo que prima es mantener su ritmo y por lo tanto su bienestar. Y si ambas cosas se alinean, entonces se puede ir.

Para nosotros, la del sábado ha sido la segunda boda a la que asistimos desde que somos padres, y la primera vez que dejamos al bebé con los abuelos para pasar una noche fuera.
Fue despedirnos de Emma, coger el coche, y ya tenía el nudo agarrado en la garganta...No es que yo sea de las que no se despega. Para nada, porque nuestro bebé desde el principio ha pasado de mano en mano como se pasa la bola. Queríamos que fuera sociable, que se adaptara rápido a nuevas circunstancias y personas, sin perder de vista que no dejaba de ser una niña pequeña. 
Afortunadamente creo que algo de eso se le ha pegado, y creo que también hemos tenido mucha suerte de concebir una bebé de naturaleza fácil y sonriente.

Reconozco que al final mereció mucho la pena. Disfrutar de ratitos solos en pareja es importante después de tantos meses de dedicación. Lo mítico de volver a ser como novios y deshacerte de la responsabilidad de atender a un ser pequeño por unas horas es muy sano.
Al principio es raro. Montarte en el coche sin maxi cosi y de copiloto (que aunque prefiera ir detrás con Emma, en realidad me mareo como una condenada) y todo el tiempo del mundo para maquearte... Pero al rato te vuelves ligera y disfrutas de esa facilidad de acción. Aunque el nudo sigue ahí porque la echas tanto de menos que prefieres no pensarlo.

Y todo esto es posible gracias al patrocinio de los abuelos. Esta expresión es creación de una compi de mi cole y pienso que no puede reflejar más fielmente la realidad...


20 oct. 2016

Si tú también has vivido la maternición

Foto: Elena Prieto Landaluce
Hace unas semanas volví a mi centro de salud porque a Emma le tocaba la revisión del pediatra de los 6 meses y sus correspondientes vacunas.
Después de encontrar aparcamiento, estaba yo montando el carrito de bebé dispuesta a llegar puntual a mi cita, cuando me vino a la cabeza la primera vez que tuve que acudir yo sola al médico después de dar a luz y tras que mi marido se incorporara a trabajar.

Para poneros en situación, mi centro está situado al final de una larga pendiente en un barrio de Madrid lleno de calles estrechas, irregulares, en las que las plazas de aparcamiento brillan por su ausencia. Uno de esos barrios de periferia que la gran ciudad a acabado por absorber.
Recuerdo meter a la niña en el coche, dudando sobre si realmente estaba bien sujeta. La alegría de por fin encontrar sitio. Salir del coche con cuidado, porque los puntos aun estaban tiernos. Armarme de paciencia al abrir el maletero para unir las piezas de ESO que veía a otros montar con tanta facilidad. Y volar porque se hacía tarde.
Algo que antes me costaba horrores, que ahora hago con bastante facilidad. Me sentía una auténtica  panoli...

Y lo fuera más o menos que otras recién paridas, la verdad es que uniendo los puntos, ahora me doy cuenta de que objetivamente eran mogollón de cosas desconocidas, que sin una explicación, había que domar sobre la marcha.
Hasta aquí era como adaptarse a una situación nueva (que no es poco). Palpar e irse familiarizando. Cogerle el tranquillo.

Pero es que yo creo que la cosa va más allá. Porque además de pisar terreno desconocido, lo de la maternidad me ha parecido un atropello de grandes contradicciones que se sucedían ante mis ojos sin que nadie llegara nunca a aclararme (de ahí lo de MATERNICIÓN = MATERNIDAD + CONTRADICCIÓN).
Y esto va sin intención de desanimar a las futuras mamás ni mucho menos, sino más bien de contar mi experiencia para desahogarme, y quizás de poner en sobre aviso a las más sensibleras como yo. Creo que lo hubiera agradecido.

7 oct. 2016

Hábitos para recuperar el control tras la maternidad (y el verano)

Emma y su papilla de frutas

Parece que es la conversación de ascensor más repetida en mi entorno junto con los millones de virus que los niños se están pillando en las guarderías.
Que sí, que el otoño ha entrado esta vez más tarde. Que el verano se ha quedado demasiado y en consecuencia estamos todos un poco locos. El cambio de ropa se alarga y es más difícil asentar las rutinas que marcan el comienzo de la temporada si la temperatura pide sandalias.

A mí se me ha juntado un poco todo. El cambio de estación y la vuelta a la vida real después de mis primeros 6 meses de maternidad. Emma ha crecido (¡ya toma papilla de frutas!) y tenemos que organizarnos para que yo saque tiempo y pueda centrarme en nuevos proyectos y en la vuelta al mundo laboral. Así que aprovecho el tirón y estoy haciéndome un dos por uno gracias a instaurar algunos nuevos hábitos que me hacen sentir que el orden está a ratos en nuestras vidas.

Son muchas cosas las que están cambiando... O puede que en realidad no tantas. Lo que me pasa es que después de invertir horas y horas en casa junto a mi bebé, como que cualquier novedad te parece una enorme transformación. ¿Habéis sentido esto alguna vez?

24 sept. 2016

20 maneras de peinarse la melena midi


Sábado tarde, Emma durmiendo la siesta y yo zambullida en el mar Pinterest buscando opciones para un peinado que hacerme en la boda del fin de semana que viene.
Es la primera vez que voy de invitada después de cortarme la melena, así que me apetecía tener un amplio abanico para escoger. Y foto a foto he ido engordando un poquito más mi carpeta preferida...

Al principio pensé que la melena midi suponía renunciar un poco a ser creativa con el pelo, abandonar las trenzas y moños. Quitarme un peso de encima, abrazar la sencillez y ese rollo chic. 
Y si que ha sido un poco esto último, pero resulta que hacerse varios peinados se puede. Y como además hay que trabajar menos pelo, pues al final me resulta más fácil y rápido.
Total, que he decidido seguir manteniéndome en el midi por ahora, porque le veo muchas posibilidades y volver al largo largo me da bastante pereza.

¿Cuál os gusta más para un look de invitada?
Yo creo que ya tengo mi preferido...

13 sept. 2016

6 sitios en el norte para resetear

Playa de Areas. Bego y Emma. Antojada por Vocación

Llegamos a Madrid apenas hace tres días después de disfrutar de 13 maravillosos días norteños.
Maravillosos porque creo que han sido de las vacaciones que más me han aprovechado y servido para resetear. Seguramente fuera porque realmente las necesitaba. Pero también porque tenía gran necesidad de volver al norte.

El norte era mi lugar de veraneo durante la infancia. 
Agostos en los que no todos los días se podía ir a la playa porque llovía. En los que los pantalones vaqueros y la sudadera superaban a las sandalias y bañadores. Ese frescor que se colaba tras bajar un poco la ventanilla del coche al llegar. Posar la toalla sobre la arena fría y aun así tener ganas de zambullirte entre unas olas amenazantes porque había que bañarse si o si, estuviera o no nublado.

Echaba mucho de menos todo eso. Por eso, volver arriba ha sido como recuperar algo de mí que se mantenía dormido durante los veranos que hemos pasado en Cartagena.

En el País Vasco me he reencontrado con sitios especiales para mí que hacía tiempo no visitaba, y en Galicia he conocido algunos otros que me han encantado:

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