Un GUS-tazo de perro

Desde que tengo uso de razón siempre he querido tener perro.
Mis primos, abuelos y amigos los tenían, y mis hermanos y yo nos acostumbramos desde pronto a tratar con ellos. Íbamos a sus casas invitados y aprovechábamos para juguetear y achucharles, e incluso disfrutamos de tener uno en casa algunos días por motivo de algún viaje de su dueño.

Mis padres no se cansaron de decirnos que lo sentían, pero que no podía ser. Supongo que sospechaban alguna que otra pelea una vez pasara la novedad, y nos escabulléramos de sacarlo a la calle, de darle de comer, o de ir al veterinario.

Total, que me quedé con las ganas. Y una vez ya estuve lo suficientemente crecidita, retomé la cuestión, pero esta vez fue un tema a decidir entre dos.
Pensamos, valoraramos pros y contras, repensamos y meditamos profundamente y…NOS DECIDIMOS.

Desde el primer momento tuvimos claro que no compraríamos un perro, deseábamos adoptarlo. Habíamos visto tantos y tantos refugios de perritos que nadie quería, que se nos partía el corazón.
También sabíamos que preferíamos un perro grande, con carácter sereno y cariñoso, pero juguetón.

Buscando y buscando, encontramos a GUS a través de un anuncio en internet. Su mamá se llamaba Gold, es una labradora con vocación de cazadora, que dio a luz el 18 de diciembre en Tarragona a seis perritos cruce con Podenco, a los que sacrificarían si no encontraban dueño.

Después de esperar un larguísimo mes y medio a que Gus fuera amamantado, creciera y jugara con sus hermanos el suficiente tiempo….POR FIN LLEGÓ EL GRAN DÍA y fuimos a recogerlo para traerlo a su nueva casa en Madrid.

No puedo negar que para un perrito de solo mes y medio separarse de su familia y llegar a una casa nueva puede llegar a ser algo bastante durillo. Para subir el ánimo de Gus no se nos ocurrió nada mejor que presentarle a la que sería su amiga y madrina Tuna.

Tras un leve protocolo canino de yo te huelo, tu me hueles a mí, congeniaron y pasaron la mañana entre juegos y carreras sobre el césped del jardín. Se hicieron grandes amigos.

Gus regresó a a casa  feliz, olvidando sus penas y MUY, PERO QUE MUY CANSADO.

BIENVENIDO GUS.

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