17 jul. 2013

ODA A UNA NEVERA



Esta semana se acabó el glamour de las bodas (para volver próximamente)… y la comodidad.

Sumado a que estamos de cajas, papel de bolitas y cinta de embalaje hasta arriba (por motivos de mudanza), se nos une que LA NEVERA HA MUERTO.
Pleno julio en la capital de España, la peor época del año para vivir sin agua fría, no poder disfrutar de ese gazpacho y ensaladas fresquitas que tanto nos gustan, o simplemente conservar los alimentos más de 24 horas…
Y como suele ocurrir cuando un determinado electrodoméstico se estropea, su necesidad se palpa por momentos. Cada segundo, más bien.

No se te ocurre algo más necesario que aquella máquina que se acaba de ir al garete, con la que tú siempre viviste y que acostumbrada a ella nunca apreciaste demasiado. Siempre estuvo allí desde el inicio de tus días. ¿Cómo imaginar que un día dejaría de funcionar? Así, de repente, sin avisar ni nada…

Era la lavadora la que iba a pedales, la que más problemas daba normalmente.
Pero tú no, nevera. Nevera no, por favor…


Y entonces no tuvimos más remedio que seguir adelante y plantearnos la vida sin ella. Anclarse en el pasado no solucionaría nada. Adiós a nuestro FRIDGE LOVE (pero nunca al LOVE a secas).

Inmediatamente me vino a la mente el antiguo piso de mis abuelos en la Calle Gaztambide. Recuerdo cuando descubrí en la cocina ese pequeño hueco bajo la ventana del patio interior y mi madre me explicó que eso era una fresquera. “¿Una qué??”. Y caí en que una vez ya supe que existía la vida sin nevera. Pensé que quizás habría personas que aun tenían que apañárselas para conservar los alimentos frescos sin frigo hoy en día.  Busqué y di con alguna cosa curiosa…


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Por nuestra parte, hemos preferido comprar día a día y no experimentar demasiado, por eso de no arriesgar la salud.

Mientras, pasaré las horas contemplando mi lámina de Antonio López para superar esta morriña. Pero sólo hasta que nos traslademos definitivamente al piso nuevo en la que nos espera un frigo nuevo.

A REY MUERTO, REY PUESTO.

10 comentarios:

  1. Un faenón grande.. Me estoy dando cuenta que los electrodomésticos saben estropearse en los mejores momentos y épocas del año.. No quiero recordarlo, pero a nosotros se nos estropeó hace tiempo la caldera en pleno invierno, imagínate qué agradables eran las duchas mañaneras. Los truquillos los leeré detenidamente, por si acaso.
    Un besote!!

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  2. Es un infierno de verdad, la cajera del super ya me mira como diciendo " Otra vez tu aqui"

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  3. como te entiendo, a mi me paso lo mismo en la mudanza, estuvimos como 15 días sin nevera pero era noviembre y había frío en Berlín, así que mi nevera temporal fue el balcón, nunca había bebeido cerveza tan fría!!!!!!! En verano y en Madrid no sé como me las hubiese apan-ado!!!!!!!!! ánimo! ;)

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  4. Qué faena!!!!!!!!!! A mí me pasó con la lavadora este invierno, cuando más llovía y con la ropa más grande y gruesa. Y para que fuera completo fue un sábado a las nueve de la noche y hasta el jueves estuvimos sin lavadora, lavando todo a mano. Los últimos días no teníamos ni toallas, tirábamos de las de playa porque no me secaba nada, pero al final todo se arregla. Un besín y que os sea leve.

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  5. Es un desastre, pero aguanta hasta mudarte como sea..... Bs.

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  6. Qué diseños tan extraños. Y tu mucha paciencia que ya saldrás de esta.

    Mavi

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  7. Que mala pata! Eso sí los inventos con los que has dado son geniales y Antonio Lopez, maravilloso!

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  8. Me ha encantado la entrada! Qué bueno! Además, AMO, la nevera de Antonio López.
    Besos!

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  9. Hey,
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