20 oct. 2016

Si tú también has vivido la maternición

Foto: Elena Prieto Landaluce
Hace unas semanas volví a mi centro de salud porque a Emma le tocaba la revisión del pediatra de los 6 meses y sus correspondientes vacunas.
Después de encontrar aparcamiento, estaba yo montando el carrito de bebé dispuesta a llegar puntual a mi cita, cuando me vino a la cabeza la primera vez que tuve que acudir yo sola al médico después de dar a luz y tras que mi marido se incorporara a trabajar.

Para poneros en situación, mi centro está situado al final de una larga pendiente en un barrio de Madrid lleno de calles estrechas, irregulares, en las que las plazas de aparcamiento brillan por su ausencia. Uno de esos barrios de periferia que la gran ciudad a acabado por absorber.
Recuerdo meter a la niña en el coche, dudando sobre si realmente estaba bien sujeta. La alegría de por fin encontrar sitio. Salir del coche con cuidado, porque los puntos aun estaban tiernos. Armarme de paciencia al abrir el maletero para unir las piezas de ESO que veía a otros montar con tanta facilidad. Y volar porque se hacía tarde.
Algo que antes me costaba horrores, que ahora hago con bastante facilidad. Me sentía una auténtica  panoli...

Y lo fuera más o menos que otras recién paridas, la verdad es que uniendo los puntos, ahora me doy cuenta de que objetivamente eran mogollón de cosas desconocidas, que sin una explicación, había que domar sobre la marcha.
Hasta aquí era como adaptarse a una situación nueva (que no es poco). Palpar e irse familiarizando. Cogerle el tranquillo.

Pero es que yo creo que la cosa va más allá. Porque además de pisar terreno desconocido, lo de la maternidad me ha parecido un atropello de grandes contradicciones que se sucedían ante mis ojos sin que nadie llegara nunca a aclararme (de ahí lo de MATERNICIÓN = MATERNIDAD + CONTRADICCIÓN).
Y esto va sin intención de desanimar a las futuras mamás ni mucho menos, sino más bien de contar mi experiencia para desahogarme, y quizás de poner en sobre aviso a las más sensibleras como yo. Creo que lo hubiera agradecido.


Por ejemplo, el pasar de estar embarazada a estar de post-parto fue uno de los cambios más drásticos.
Cuando estás con tripa todo el mundo parece mirarte con ternura. Te tratan con tanto mimo y delicadeza que al principio te extraña, porque al menos yo me sentía igual que siempre. Luego te acostumbras rápido (como a todo lo bueno) y lo ves normal y bien justificado.
Pero de repente un día das a luz y pasas por un proceso difícil en el que empeñas un enorme esfuerzo físico, horas sin dormir y experimentas la transformación hormonal más bestia del mundo.

También está lo de salir del hospital y pasar de cero a cien.
Mi experiencia en La Paz fue bastante buena porque las enfermeras fueron atentas, pacientes y volcadas. Nos enseñaron a bañarla, cómo debía enganchármela al pecho y mil cosas más despacito y con buena letra. Pero estábamos saliendo de allí y de repente me sentía como poco preparada para ocuparnos de ella nosotros solos en casa, sin un timbre o algo al que llamar para que vinieran corriendo a auxiliarnos.

Estás que no te enteras de nada, haciéndote con un bebé, quizás instaurando la lactancia y más cansada que nunca. Pero tienes que afrontar una nueva circunstancia en la que pasas de ser cuidada a cuidar. Yo quería estar fuerte para garantizar el máximo bienestar a mi bebé pero en realidad jamás me había visto tanto en las últimas.

Miraba a Emma y flipaba de que hubiera salido de mi. Me sentía aliviada de que todo estuviera bien, pero reconozco que llevaba fatal lo de dormir tan poco. Que al principio se despertara cada hora y media para tomar el pecho me destrozaba.
La matrona me decía que era importante que descansara, porque cuando dormimos, los índices de prolactina son más altos y así se producen las subidas de leche materna. Pero, ¿cómo podía hacerlo si el bebé demandaba tantas tomas? Otra contradicción.

Pero para mi la más grande de todas estas materniciones fue lo de recibir visitas en el momento en que más desecha e insegura he estado en mi vida
Una amiga me pasó las reflexiones de Lucía, mi pediatra sobre ello.
Afortunadamente está lejos de lo que nosotros experimentamos, pero aun así decidimos acotar el tema a la familia más cercana por el bienestar de Emma y el mío. Pero reconozco que a veces me sentí desbordada y fuera de lugar. Sencillamente no era la misma de siempre debido al baile de hormonas que mi cuerpo estaba experimentando.
Hay a mamás que, por el contrario, el calor de la gente les viene bien. Entiendo la euforia de un nuevo miembro de la familia y las ganas de recibirle como se merece. Pero a mi me costó un poquillo.


Haciendo balance de todo esto aun alucino de la larga lista de cosas que asimilamos las primerizas.
Dicen que la nauraleza es sabia y que las cosas son así por algo. Pero a mí me siguen pareciendo contradicción...
Las constumbres sociales son contradicción...

No es culpa de nadie.
Creo que simplemente es el escalón más empinado que jamás ha existido y que nos toca subir a ciegas.
Cuando ya estás arriba, de pronto miras a tu alrededor y todo cobra algo más de sentido.
Entonces te conviertes en madre.

Foto: Elena Prieto Landaluce
PD1: 48 días con Emma. La primera vez que publiqué cuando fui madre.

PD2: Las fotos son regalo de mi prima Elena. Una segunda sesión que precede a la primera que nos hizo cuando Emma sólo tenía 2 mesesMás de su trabajo en Elena Prieto Landaluce.   

9 comentarios:

  1. Desde que fui mami no me canso de decir a cualquiera que quiera escuchar que todas esas cosas que pasan durante y después del embarazo deberían explicarlas en clase a TODOS, debe caber como materia en alguna asignatura o, al menos, que den cursos y cursos y cursos, porque es algo de absoluta importancia y NADIE te cuenta nada. Es cierto que la experiencia de cada una varía, pero hay cosas que pienso son comunes y se deberían explicar a nosotras para que no tengamos que añadir a todas las novedades que estamos viviendo, esa sensación de "seré tonta, será la única, este dolor ahora por qué, es normal esto????...", a ellos para que sepan que las cosas no acaban tras el parto, que es precisamente después cuando más necesitamos y merecemos comprensión, cuidados, dulzura, seguridad… y por supuesto para que ambos sepamos cómo bañar al peque o cómo ponerle un pañal. También sería bueno para aprender a respetar el espacio y sepamos que eso de visitar hoooras a unos padres recién “paridos” no está nada bien, a no ser que te lo pidan!. Parece que tenía ganas de contarlo, jejeje, creo que todas las nuevas madres pensamos lo mismo que cuentas en el post, así que fuera tabú y empecemos a contarnos unas a otras esas cosas que sin querer silenciamos para no frustrar a futuras mamis. Besos a los 4!.

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    1. Muuucha razón en todo! Gracias por tu sinceridad también.
      Me ha encantado conocer la opinión de todas las mamis que al final más o menos estáis coincidiendo conmigo. Es un alivio saber que no se es la única y que puedes apoyarte en vosotras.
      Un besazo guapisima

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  2. Hola Bego! Me quedo atontada leyéndote. Es un mundo tan desconocido para mí, y te agradezco muchísimo que compartas sinceramente tu experiencia. Lo explicas todo tan claro y tan bien. Da gusto leerte. Un abrazo enorme!

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    1. Gracias a tí por leerme siempre Pepilla.
      Ya te llegará la hora...Pero bueno, esta es mi opinión, cada experiencia es diferente. Aunque yo creo que está bien contar las cosas como son, en este y otros temas.
      Un besazo y pásalo genial en EEUU!

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  3. Hola!!!! En mi caso fue curioso. Con mi primera hija todo fue como muy fácil, parto de 20 minutos sin epidural y casi sin contracciones, la niña comía, dormía y no me sentí esas sensaciones que nos provocan las hormonas. Vamos, una balsa de aceite.
    Con el segundo, que nació 13 meses después todo fue muy diferente. El parto fue igual de rápido pero el niño nació prematuro, yo estuve una semana ingresada y él dos, y con una niña de 13 meses eso es devastador. Fue mal comedor y fueron meses sin dormir y de las hormonas mejor no te hablo, y todo esto aderezado por una niña de 13 meses que estaba aprendiendo a andar. Para el tema visitas hice una cosa, estaba por las tardes en casa de mis padres, así eran más breves y concisas y solo venían los más allegados.
    Besos y me encanta esa foto. Ahhhh y las dudas...mis hijos son universitarios y cada día me pregunto si lo hago bien, ahora no tengo que plegar un carrito pero hay tantas preocupaciones...
    Besos.

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    1. Gracias por tu visión del asunto Marygem! La verdad es que cada uno tiene una experiencia completamente distinta. Pero lo que me gusta de compartirlas es que al final te encuentras que entre las mamis somos bastante comprensivas las unas con las otras y el mejor apoyo para los momentos duros. Un beso!

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  4. Ahora mi niña tiene 9 meses y qué diferente se ve todo, me ha hecho gracia lo de que te sentias como una panoli, qué sensación tan extraña y mala y nosotras siempre intentando levantar la cabeza dignamente pero tantas dudas tantos por qués y tanta gente opinando, es duro, las cosas como son.. yo doy gracias (porque no estaba para atender a nadie) que vivo en otra ciudad diferente a los míos y las visitas fueron pocas, pero me sentí perdida.
    Me quedo por tu blog
    Un beso

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    1. Gracias por tu comentario y sobre todo por la sinceridad! De nuevo un gusto compartir experiencias así entre madres.
      Un abrazo!

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  5. Hola mi queridisina Bego:
    Despues de leer tu post solo puedo decirte que no puedo estar mas de acuerdo en cada una de tus reflexiones. Pablo nacio hace 19 meses y como bien explicas nunca pense que se pudieran sacar tanta fuerza y energia para criar un hijo aun estando en el momento mas desconocido de tu vida. Y la cosa, para m, no acaba ahi sino que Maria ha nacido hace 4 meses...hazte una idea del cambio de chip que debe hacer una mama para sacar adelante a dos bebes ( con ayuda del papa,claro). En fin... no cambiaria nada de nada pero desde luego ya no soy la compi de esa casa romana que tantas risas echo contigo. Ahora, tanto tu como yo, hemos ganado en felicidad. Te quiero amiga Bego

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