Las 13 costumbres que equilibran mi vida

Costumbres que equilibran la vida

 

Creo que el tema de las virtudes y los defectos de la semana pasada me ha colocado a un momento bastante introspectivo los últimos días. A ello se ha sumado que nuestro día a día familiar se ha visto afectado por viajes, enfermedades y llegada de nuevos miembros. Y yo, tengo bastante asumido que sin mis rutinas me desestabilizo.

Algo profundo comienza a revolverse quejicoso pidiendo su espacio de siempre. Más tarde se coloca en continuo estado de lucha y búsqueda de su lugar. Se declara la cruzada de la conquista del equilibrio mental. Y como testigo de lo que soy y de cómo estoy, lo acabo trasladando a algunas líneas por aquí, porque escribir siempre ha sido la más efectiva de mis terapias.

Y ahora es el momento en el que os moriréis de risa o pondréis los ojos en blanco algo escépticos, porque os confieso que a pesar de haber abierto con dos párrafos tan tremendistas, a pesar de ser de bajadas y subidas vertiginosas, con la madurez de los años he conseguido armarme con algunas costumbres que estabilizan mi vida. Y si, especialmente en momentos como estos.

Seguro que vosotros también habéis recopilado algunos de estos “bastones” en los que os apoyáis en lo bueno y en lo malo, que os ayudan a reencontraros y seguramente os sirven de hoja de ruta. ¿Compartís alguno de ellos conmigo?

Estos son los míos…

 

1. Apuntarlo absolutamente todo.

Lista de la compra semanal, de tareas y objetivos semanales, de regalos a hacer y que me hagan, de artículos del hogar que necesitamos, de contenidos para el blog, de cosas que quiero hacer en los próximos meses, etc. Y así hasta el infinito. Por supuesto, es importante tener cada listado localizado y a la vista cuando se trate de algo inmediato.

2. Obligarme a ser positiva.

Seguro que de nuevo genero escepticismo. Pero a pesar de mis arrebatos, he aprendido a desarrollar dentro de mi una aptitud de esperanza a largo plazo que embalsama mi fondo. Un pensamiento de estar segura de que al final todo se encauza y que nada es tan grave como parece. Como si formara una base sólida sobre la cual pudiera permitirme ciertos picos de mal genio y rabietas pasajeros que me ayudan a desahogarme, a vaciar el vaso y luego continuar.

3. Doblar la ropa seca según la voy destendiendo.

El momento colada, millones de prendas acumuladas esperando a ser guardadas o planchadas y calcetines desparejados me generaba mucha sensación de caos en casa. Por eso, prefiero destinar más mimo y tiempo a esta labor doméstica y dejar la ropa bien colocadita.

También cuelgo la ropa mojada de manera que pueda evitar el máximo de plancha posible, y la que inevitablemente tiene que pasar por vapor la pongo estirada en una cesta destinada a ello, que guardo dentro del armario (en un hueco también pensado para ello).

4. Nunca miento a los demás ni a mi misma.

Las mentiras pesan dentro demasiado para decidir cargar con ellas. Prefiero ir ligera. Además, son una estrategia de vida que solo funciona a corto plazo o con las personas que no son cercanas.

5. Siempre escucho primero a mi instinto.

Incluso por encima de los consejos de las personas que más me quieren y parecen conocerme. Aunque no los deshecho, claro, se quedan ahí sobre la mesa bien a la vista. Simplemente es que le doy más peso a mi propia alerta interna que a las experiencia de otros, porque no dejan de ser otros.

6. Comprar cada vez menos ropa.

Desde que escojo más a qué destino mi presupuesto en moda, alargo más la vida de las prendas, prescindo habitualmente de lo innecesario, y en vez de 30 tengo solo 10 jerseys, soy mucho más feliz. El cambio del armario de temporada cuesta menos, guardar la ropa en el armario es más sencillo, y que no esté todo apretujado en perchas como que me facilita más vestirme.

7. Siempre buenas formas.

Me refiero a cómo actuar automáticamente en situaciones en las que por ejemplo una persona mayor necesita ayuda, respetar el turno de espera en una fila aunque tengas la oportunidad de avanzar más, una embarazada que necesita asiento en el metro, un animal que parece perdido. Esos momentos en los que podrías aprovecharte de una ventaja sobre el resto, por su debilidad, despiste, imposibilidad, porque nadie te está viendo, pero que yo creo que no debería hacerse nunca. Ahí se haya el lado más ruin y egoísta del ser humano y no me gusta nada.

8. Leer antes de dormir.

Antes disfrutaba con algunas series de la TV, pero cada vez me es más difícil encontrar alguna que me llene de verdad. Por eso, después de cenar y recoger la cocina, últimamente me meto directamente en la cama con mi librito. Matar el tiempo no es lo mismo que aprovecharlo. Por eso, destinar 30 minutos de lectura antes de apagar la luz me da más y ayuda a coger el sueño mejor.

9. Tengo un repertorio de peinados.

Igual que otras personas organizan sus looks para cada día de la semana u ocasión, yo poco a poco me he ido haciendo un elenco de peinados del que tiro. Lo voy actualizando y perfeccionando. De esta manera, a la hora de arreglarme, simplemente tengo que escoger entre ellos, como si fueran vestidos colgados en el armario. Ya sabéis que el pelo tiene un peso especial en mi manera de ponerme guapa…

10. Decir habitualmente “te quiero, “lo haces fenomenal”, “lo siento”, “gracias”, “qué suerte tengo de contar contigo”.

Eso no quita que también haya que soltar pestes. Quiero pensar que si nos acostumbramos a decir cosas buenas muy a menudo, hacemos más agradable la existencia del otro, y las malas caen mejor, ¿no?

11. Camino un mínimo de 30 minutos.

Lo de tener perro es clave, pero no determinante, claro. Por muy liada que esté, trato de ocuparme de alguna de las salidas de Sam. La de la primera hora de la mañana es mi preferida, porque respirar aire fresco me ayuda a empezar el día con energía. Si alguna vez no lo he hecho me siento entumecida y como que me falta algo.

12. Saludar siempre a los conocidos.

Aunque no te hayan visto, aunque no sean lo suficientemente cercanos para pararte a entablar conversación, aunque ellos nunca te respondan porque no son de saludar.  No es que diga que sea malo no hacerlo cuando te encuentras en la duda de si hacerlo o no, porque hay veces no es ni de mala educación. Simplemente es que es parte de mi manifiesto personal, por herencia genética, y porque disfruto mucho fomentando la familiaridad, la cercanía con el vecino o como quiera que se llame eso.

13. Escribir.

Como adelantaba, es la más efectiva de las terapias. En este blog, en un cuaderno de inspiración o para que me sirva para desquitarme (como propone El Camino del Artista). Gracias a gastar tinta yo he llegado a muchas conclusiones, planes de acción y soluciones con las que no hubiera dado si simplemente las hubiera dejado vagando por la cabeza. Escribir es hacer todo más real, darle forma a lo indefinido, hacerse más consciente de ello e impulsarnos hacia alguna parte.

 

Paseo con mi perro

 

PD: Más sobre costumbres de este tipo…

 

 

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